Julio-agosto 2023
En un primer acercamiento uno podría presumir que la obra de Joaquin en Far from heaven intenta producir una radiografía de una generación, pero profundizando más, podemos descubrir que la pulsión principal del autor va más allá del hecho de retratar personajes pertenecientes a una comunidad, sino que existe una búsqueda melancólica de atesorar imágenes, de hacernos pensar sobre el paso del tiempo y la muerte, ese camino al cielo que todos recorremos.Desde ahí Joaquín genera un banco de imágenes de memoria personal, que se describe en sus propias palabras: “Y vuelvo a pensar en lo finito, porque pensar en la juventud es también pensar en la vejez, y pensar en la vejez es también pensar en la muerte, en el miedo a la muerte y a lo perecedero, a lo que no se puede mantener, a lo que el tiempo va descascarando, porque es cierto cuando dicen que el tiempo todo lo cura, pero lo perverso es que todo lo borra, y antes de borrarlo lo destruye, como a la vida, al amor, a las casas y a las ciudades, incluso a las fotos.”
Juvenal Barría
FAR FROM HEAVEN Pienso en las fotografías y trato de imaginarlas eternas, en profesar el culto pagano y clásico de la imagen , ese que trata de atrapar el instante, sacarlo del plano material y llevarlo a otro mundo, al paraíso quizás, si creyera en él, y de alguna forma lo hago, porque me gusta pensar en que lo eterno y lo sublime existen, aunque una parte de mi cree lo contrario, es decir, no cree en nada. Voy a ser sincero: estas fotografías no responden a ninguna investigación. Son simple fruto del impulso. Aunque no es tan simple. Hacer fotos no es solo hacerlas; es también mirarlas, quererlas y atesorarlas, hacerlas parte de uno. A veces no sé por qué las hago, si encuentro el placer en el simple voyerismo o me aqueja el mal de Diógenes; creo que más lo segundo. Mi admiración por la imagen toma sentido con la copia en mis manos, con la tinta en el ojo. Con la cámara me siento asustado y débil, pequeño y ridículo detrás del visor, tan escondido y seguro como una avestruz con la cabeza bajo tierra contra la admirable valentía de los que enfrentan el lente. Me causa curiosidad ese anhelo, el de los protagonistas de esta película, porque así la veo, como una ficción de la vida que siempre quise tener, y por eso las siento lejanas, porque aun cuando la mirada enfrenta el lente, existe una cuarta pared inquebrantable que me mantiene donde me acomoda estar, un poco atrás, un poco ajeno. También me causa curiosidad la belleza, pienso en ella constantemente. y la tomo prestada, porque no es mía sino de elles, tampoco es eterna porque nada lo es. Y vuelvo a pensar en lo finito, porque pensar en la juventud es también pensar en la vejez, y pensar en la vejez es también pensar en la muerte, en el miedo a la muerte y a lo perecedero, a lo que no se puede mantener, a lo que el tiempo va descascarando, porque es cierto cuando dicen que el tiempo todo lo cura, pero lo perverso es que todo lo borra, y antes de borrarlo lo destruye, como a la vida, al amor, a las casas y a las ciudades, incluso a las fotos. La luz y el tiempo son antagonistas; la luz llega a lugares nuestros que no conocemos, y la imagen nos lo muestra. Pero el tiempo igual borra las fotos. Y pienso en el miedo, en si las fotos nacen del miedo, el miedo a perderlo todo, el miedo a vivir sin nada de lo que mas quiero, a la soledad, al olvido. O si nacen del deseo, el deseo a la aceptación, a la pureza, a la autenticidad; y me entrego al deseo, y a veces el deseo trasciende lo carnal y se transforma en admiración. Y empiezo a admirar lo fugaz, lo cotidiano, lo atesoro inútilmente y empiezo a valorar lo inservible y lo banal, como las instantáneas que acompañan algunos días, con algunas personas a mi alrededor y vuelvo a pensar en su belleza, en su fragilidad, en la fragilidad de la vida. En el día en que conocí la muerte a la orilla de un tranque, con un amigo menos y la niñez se me fue para siempre de un suspiro agónico frente a mis ojos; pienso también en todos los días en los que mi hermano despertaba sin querer despertar, y en el día en que decidió no despertar nunca más, o en el día en el que alguna vez fue mi compañero más amado hizo su último salto por la ventana de su departamento . Me pregunto dónde estarán, como será ese paraíso, del cual me siento ahora distante. Creo que en estas cuestiones puede haber una pista sobre el misterio de la fotografía. Mi pequeña muerte está en estas imágenes, en cada una de las personas que me han entregado parte de su alma en estos últimos años, en los lugares, los viajes, los amigues, los amantes y los amores. No busco el paraíso. Busco, quizás, y como diría Charly, simplemente un símbolo de paz.
Joaquin Rodriguez