Septiembre-diciembre 2021
Algunos apuntes sobre posporno
Por Eli Neira
“La pornografía es como un espejo en el que nos podemos mirar. A veces lo que encontramos ahí, no es muy lindo de ver, y nos puede poner muy incómodos…” Annie Sprinkle, Hard Core from the Heart 2001.
“El porno se hace con carne humana, con carne de actriz…” Virginie Despentes, Teoría King Kong.
Vivimos en sociedades completamente pornográficas donde nuestros cuerpos son sistemáticamente usados y abusados día y noche. Desde que suena ese maldito despertador hasta que nos tomamos la pastillita para dormir un sueño farmacológico, NO SOMOS NUESTROS. No nos pertenecemos. Solo existimos en cuanto valor de uso. No tenemos valor ontológico. Es decir no valemos porque si, valemos según lo que producimos y consumimos. Y producimos en directa relación según cuanto nos dejamos abusar. A mayor abuso, mayor producción.
Esa es la cruel ecuación. Maquinales, nos abusa el sistema, nos abusa el jefe y si no tenemos jefe, nos autoabusamos. Nos abusan los amigos y los enemigos. Nos abusan los maridos, las esposas, los novios, las pololas, los hijos, los hijos de los hijos. Nos abusa el vecino, el perro y el gato en una interminable cadena de usos y abusos que hacen posible que la moledora de carne funcione y que las cifras macroeconómicas no decaigan, para así seguir enriqueciendo a un puñado de hijos de puta que están en la cima de todo esto.
Súmale el hecho irrefutable de que en nuestros países latinoamericanos el abuso es y ha sido la piedra fundacional de nuestras repúblicas, pobladas a fuerza de patada y fusil, a través de la sistemática violación de la población femenina indígena obligada procrear la descendencia mestiza (es decir la descendencia esclava) del colonizador. Vivimos en sociedades depredadoras, ecocidas, altamente inconscientes. Nos mandan a la guerra, nos meten pesticidas en nuestros alimentos, nos enferman de cáncer y de sida. Luego nos venden el remedio y nos piden que vayamos a misa a agradecerle a un tipo clavado en una cruz el que nos sigan crucificando. ¿Eso no es pornográfico? ¿No es acaso un “uso” pornográfico ( y sádico) de los cuerpos?
La historia de la iglesia católica es la peor película de terror que la humanidad haya podido concebir. Está llena de sangre, asesinatos, incestos, mentiras, violaciones, abuso de menores y las más abyectas operaciones para acumular poder y dinero. Poder financiero, poder bélico y poder de muerte. ¿No es acaso el porno una canción de cuna al lado de lo que se cuece en el vaticano? Y resulta ahora que la imagen de una teta o una concha es contenido inadecuado en las redes sociales. Tan inadecuado que vale todo un sistema de delación y censura. Tecnología puesta al servicio de los grupos de poder y su hipocresía.
¿Se han preguntado por qué una concha pelada en facebook es tan peligrosa? Un cuerpo resignificando su sexualidad es intolerable porque hay poder en ese cuerpo, poder y consciencia recuperado. Y pareciera que al totalitarismo de mercado le es inadmisible cualquier redistribución del poder. De eso se trata el posporno, se trata de la recuperación de nuestra propia sexualidad y de la representación de la misma. Representación que ya no existe en función de los valores de la sociedad patriarcal, sino en función de otras narrativas, no heteronormativas ni reproductivas, sino mitológicas, subjetivas, pansexuales, libertarias.
El posporno es el intento de volver a hacer con nuestros cuerpos la propia historia. También es recuperar la voz y el nombre. ¿Cuál es la diferencia entre el porno y el posporno? Simple, el porno es una industria cultural cuya finalidad es vender un patrón de sexualidad (pautas ideológicas, roles y estereotipos) que reproduce la matriz de pensamiento dominante, patriarcal, reproductiva, capitalista. El posporno es el refrito critico de todo eso. Algo asi como el erupto o el porno vomitado luego de una indigestión. Es la respuesta contracultural de sexualidades sublevadas que intentan recuperar para si, su propio poder de representación y su potencia erótica. No puedes hacer pos pornografía sin haberte sentido sujeto pornográfico en algún momento. Si la pornografía es violenta la pos pornografía será igualmente violenta cual doble invertido, pero su violencia será diferente, será una violencia crítica, una violencia ultraconsciente y por lo tanto ontológicamente creadora de conocimiento. Si el posporno es o no digno de ser llamado arte, no es un asunto a discutir. Al menos a mí, eso no me interesa. El posporno es contracultura y es activismo. Difícilmente una academia colonizada que pontifica lo que es y lo que debe ser, podrá hacerse cargo de esta fuerza social que surge de cuerpos conscientes y activos cuyo hacer, censurado y marginal es revolucionario y liberador.